Ensayo breve

Silencio. Él.

Luz María Ramos Casas

No te das cuenta de que existe hasta que te falta el ruido que te protegía.

El silencio no es un ruido, ni una música, ni un sonido suspendido.
El silencio no puede sonar: es mudo por naturaleza.
Y, sin embargo, aparece como si tuviera voluntad: entra sin abrir la puerta, se sienta donde estabas tú, y te mira.

Llega cuando lo excesivo exige callarse,
cuando necesita ser visto,
cuando alguien debe reconocerlo antes de que vuelva a hundirse en la sombra.

Porque incluso la sombra busca luz.
Y el silencio, que parece su hermano, no quiere ser enterrado en la oscuridad.
Quiere existir.
Quiere ser nombrado sin romperse.

El silencio no es ausencia: es presencia pura.
Una presencia desnuda, pero escondida.
Que no habla, pero ordena.
Que no se oye, pero se impone como una verdad que no necesita explicación.

Hay silencios que se abren como un umbral.
Silencios que entran sin permiso: se instalan.
Te obligan a escucharte sin intermediarios, sin la coartada del mundo, sin el murmullo que distrae.
Te dejan frente a ti misma, sin adornos, sin eco, sin testigos.

En ese espacio, hay cosas que el alma ya sabe
cuando la mente todavía no ha aprendido a decirlas.
Recuerda lo que calló, lo que evitó, lo que cargó demasiado tiempo.
El silencio no es vacío: es lucidez sin idioma.

No es estar a solas. Es quedar expuesta.
No hay eco que devuelva lo dicho, ni ruido que lo desvíe.
Solo una nitidez que cae de golpe y no admite defensa.

El silencio no consuela.
Aclara.
Y en esa claridad, lo que somos se vuelve inevitable.

El silencio no quiere ser negado.
No quiere ser tapado con voces, con gestos, con ocupaciones.
Quiere ser atendido.
Quiere que alguien lo mire de frente y entienda que no viene a destruir, sino a revelar.

Porque el silencio revela.
Revela lo que queda cuando ya no queda nada que decir.
Revela la verdad que no supimos pronunciar.
Revela la luz que persiste incluso en la oscuridad más densa.

El silencio es, al final, un acto de presencia.
Una forma de volver al origen.
Un modo de escucharse a sí mismo.

Y quien se atreve a entrar en él descubre que no estaba en letargo:
estaba esperando.

No a que hables.
A que te quedes.

···
© Luz M. R. Casas
Todos los derechos reservados

···


Sígueme:


Cuaderno abierto

Este es el cuaderno abierto de mi escritura: un lugar donde se reúnen notas y pensamientos que dialogan entre sí.
Entra, hazlo despacio. Cada texto tiene su propio pulso y su manera de abrir un espacio.